Previously on blog ... Hace ya casi un mes os filosofaba acerca de las similitudes entre la esclavitud del software privativo y la del canon. Este mes os hablo de algo más mundano, las mudanzas.
El fin de semana pasado acometimos la mudanza a un nuevo piso nuevo y un poco más grande que el que teníamos hasta ahora. Aunque vamos a seguir de alquiler hasta que acabe la obra, aquí al menos tenemos más espacio y más tranquilidad. La mudanza ha sido un poco pesada, en parte por el hecho de que todavía no es la mudanza definitiva y, si todo sale bien, dentro de un año y pico estaremos realizando una nueva mudanza, eso sí, ya a la casa nueva.
Estamos a la espera de que nos trasladen al domicilio nuevo la línea de teléfono y el ADSL (hoy me he tirado una hora de reloj hablando con la gente de Telefónica para conseguirlo) para que yo pueda pasar allí la sala de máquinas, con el servidor, el ordenador de mesa y las impresoras, y culminar así la última fase de la mudanza.
Por otra parte, entre julio y agosto estamos cerrando todos los flecos para la boda (septiembre es un mes muy malo para esto, con el principio del curso). Hace una semana me compré el traje en Córdoba y esta semana hemos ido a recoger las invitaciones (pronto os llegarán) y las alianzas y Bea ha estado acordando la ceremonia con Jose (el cura que nos va a casar).
Hablando de otras gestiones, el 31 de julio nos convertimos en españoles tipo de esos que salen en las estadísticas al confirmar el crédito hipotecario. En estos tiempos de crisis, al final hemos optado por el BBVA, que ha sido la única entidad que nos ha garantizado el total del dinero que necesitamos para la casa. La ventaja de todo esto es que antes de cumplir los 62 ya habremos pagado la hipoteca ;-).
Bueno, pues en esencia esto ha sido el último mes.
Ya os seguiré contando más adelante, que ahora estamos de vacaciones y tampoco conviene atosigaros.
Gracias por leerme y hasta la próxima.