Calcetines

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Os contaba la semana pasada un tema laboral, el del Ágora, que es un proyecto de centro en el que mediante un grupo de trabajo creamos unidades didácticas interactivas. Esta semana voy a pasar de lo laboral a lo personal.

Y es que esta semana, la familia ha aumentado. No, no es que haya llegado el primer churumbel y yo lo tuviera muy callado, sino que se ha incorporado una mascota a la familia:

Como podéis apreciar, es un gato siamés callejero con los ojos azules con el rabo retorcío (lo de los ojos y el rabo son datos que añado yo, porque no se ven en la foto). Y lo que también tiene retorcío este gato es el colmillo, porque aunque apenas tiene mes y medio, sabe latín.

En el par de días que lleva con nosotros, ha aprendido a pedir comida (es un omnívoro en toda regla), a beber, a irse a su cuna a dormir por la noche y también a hacer sus necesidades en la arena perfumada que tiene.

Una cosa de mérito ha sido que anoche, mientras estaba en el brasero, se quemó las patas de atrás (normal, porque es un gambitero), y salió corriendo a meter las patas en agua.

Ahora, mientras estoy escribiendo esta reseña, está acostado en el sillón, tirándome bocados en la mano y jugando a cogerme el codo con las patas delanteras y patearlo con las traseras. Vamos, todo un personaje.

Ah, y cuando le he dicho que iba a escribir sobre él en el blog, se ha puesto muy serio y muy solemne frente al ordenador. Os dejo una foto del momento:

Por cierto, ¿por qué se llama así? Porque es un siamés con casi todo el cuerpo gris claro, salvo las patas, que las tiene todas blancas.

Lo dicho, Calcetines, bienvenido a la familia.

Os sigo contando la semana que viene.